Tataki de presa

El perro y la galleta

¡Hoy estrenamos nueva sección en el blog con El perro y la galleta! Y es que si algo nos gusta en casa, es comer. Y sí, me encanta cuidarme y me gusta comer saludable, pero también nos gusta salir un poco de la zona de cuidados y disfrutar de todo tipo de comida. En eso basamos nuestro día a día, en el equilibrio.

Así que en este «rincón foodie», os iré enseñando los sitios a los que vamos, la comida que probamos y os iré haciendo recomendaciones que os puedan interesar. Como etiquetas os pondré el nombre de la ciudad donde se encuentra, así si buscáis por la ciudad, os saldrán todas las entradas de sitios que visitar.

¡Empecemos!

El perro y la galleta: un restaurante original en Madrid.

Hace un par de semanas, estuve en Madrid en un par de eventos que tenía programados. Así que, como no, aprovechamos para probar un sitio nuevo. Nos llevó el primo de Carlos que conoce bastante la zona, y la verdad es que fue un acierto total. Se llama: El perro y la galleta.

El restaurante es precioso. Tiene una decoración vintage, mezclada con imágenes de perros, fotos, flores… Os podría decir que me quedé enamorada de más de un mueble de los que tenían para hacer una casa rústica que fuera una pasada. Estas fotos son de su web, podéis visitarla aquí.

El perro y la galletaEl perro y la galletaEl perro y la galletaEl perro y la galleta

La comida.

Cuando salimos a comer fuera, nos gusta comer cosas que normalmente en casa no solemos hacer. Muchas veces son cosas con más grasas o menos sanas, pero en el Perro y la Galleta tenían comida tan rica y tan sana, que no nos costó seguir esa línea.

Los entrantes de El perro y la galleta.

Pedimos para empezar un tartar de atún (sí, ahora que ya no estoy embarazada necesito lo que no he podido comer en 10 meses) con aguacate, mango, jengibre y sésamo. A mí personalmente fue el plato que más me gustó.

El atún era de una calidad increíble, y la combinación con el mango y el aguacate siempre es un acierto. Este plato lo pienso replicar en casa, ¡triunfo seguro!

tartar de atúntartar de atún

Alcachofas confitadas con parmesano y Romesco fue nuestra segunda elección. Deliciosas. Las alcachofas están buenas casi de cualquier forma, pero en casa no solemos confitar nada así que fue una forma distinta de comerlas.

Alcachofas confitadas

Los principales.

Risotto de boletus y parmesano. Este fue el plato más flojo para mí. De hecho, no volvería a pedir risotto si volviese algún día. No es que estuviera malo, para nada, pero era un arroz muy básico y la verdad es que en casa solemos comerlos bastante buenos (sobre todo el risotto de mi suegra que algún día os subiré como receta: increíble).

Risotto setas

Por último, probamos el tataki de presa ibérica con chimichurri y puré de patatas con trufa. La calidad de la carne un 10, ya os digo que sobre todo notamos los productos que tienen allí. Son una maravilla.

Tataki de presa

Tataki de presa

El postre.

No veréis por aquí una review de un sitio, sin postre. El dulce es mi perdición y normalmente no consumo nada de dulce ni de azúcar, así que para mí es ese extra que no me puede faltar cuando vamos fuera.

Pedimos dos postres para compartir entre los tres: una cheesecake y una tarta de mamá.

La tarta de mamá era la típica tarta de chocolate y galletas de toda la vida pero verrionda. Un mousse de chocolate negro con galletas que estaba, de verdad, delicioso.

El perro y la galletaIMG_0742_3

Pero mi favorita fue la tarta de zanahoria. La tengo que hacer versión sana, como el brownie, pero es que estaba impresionante.

Carrot cakeIMG_0736_2

El precio de El perro y la galleta.

Como ya os he dicho tenéis la carta en su web donde podéis ver el precio de todos los platos antes de ir (si al final os animáis). Para mí es lo mejor, poder ver cuánto te vas a gastar antes de ir a una restaurante. Porque hay épocas en las que no te importa pagar un poco más y otras en las que quieres disfrutar pero pagar menos.

De precio está bien, una media de 25/30€ por persona. No es un sitio súper barato, pero para la calidad de la comida está más que amortizado.

Aquí donde vivimos estamos acostumbrados a comer genial pagando muy poco por la cultura de la tapa (ya os enseñaré maravillas de por aquí), pero al final ese precio es el medio para cualquier ciudad más o menos grande.

Conclusiones.

Lo único que no me gustó, es que al ser un restaurante más formal o quizá también enfocado a empresas, cuando entramos con el peque (de un mes), que entraba llorando porque le tocaba mamar, recibimos alguna que otra mirada de «porque no te vas a otro sitio mas adecuado».

Pero bueno, fue más por parte de los clientes que por el propio restaurante, supongo que esto te puede pasar en cualquier sitio. Y, por supuesto, en cuanto Carlitos se puso al pecho, ya no hubo bebé en toda la comida. Quizá a veces molestan más los adultos que los niños 😉

¿Lo habéis probado? ¡Contadme si algún día vais!

Marta

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